martes, 24 de junio de 2014

La Llorona


En las altas horas de la noche, cuando todo parece dormido y sólo se escuchan los gritos rudos con que los boyeros avivan la marcha lenta de sus animales, dicen los campesinos que allá, por el río, alejándose y acercándose con intervalos, deteniéndose en los frescos remansos que sirven de aguada a los bueyes y caballos de las cercanías, una voz lastimera llama la atención de los viajeros.
Es una voz de mujer que solloza, que vaga por las márgenes del río buscando algo, algo que ha perdido y que no hallará jamás. Atemoriza a los chicuelos que han oído, contada por los labios marchitos de la abuela, la historia enternecedora de aquella mujer que vive en los potreros, interrumpiendo el silencio de la noche con su gemido eterno.
Era una pobre campesina cuya adolescencia se había deslizado en medio de la tranquilidad escuchando con agrado los pajarillos que se columpiaban alegres en las ramas de los higuerones. Abandonaba su lecho cuando el canto del gallo anunciaba la aurora, y se dirigía hacia el río a traer agua con sus tinajas de barro, despertando, al pasar, a las vacas que descansaban en el camino.
Era feliz amando la naturaleza; pero una vez que llegó a la hacienda de la familia del patrón en la época de verano, la hermosa campesina pudo observar el lujo y la coquetería de las señoritas que venían de San José. Hizo la comparación entre los encantos de aquellas mujeres y los suyos; vio que su cuerpo era tan cimbreante como el de ellas, que poseían una bonita cara, una sonrisa trastornadora, y se dedicó a imitarías.
Como era hacendosa, la patrona la tomó a su servicio y la trajo a la capital donde, al poco tiempo, fue corrompida por sus compañeras y los grandes vicios que se tienen en las capitales, y el grado de libertinaje en el que son absorbidas por las metrópolis. Fue seducida por un jovencito de esos que en los salones se dan tono con su cultura y que, con frecuencia, amanecen completamente ebrios en las casas de tolerancia. Cuando sintió que iba a ser madre, se retiró “de la capital y volvió a la casa paterna. A escondidas de su familia dio a luz a una preciosa niñita que arrojó enseguida al sitio en donde el río era mas profundo, en un momento de incapacidad y temor a enfrentar a un padre o una sociedad que actuó de esa forma. Después se volvió loca y, según los campesinos, el arrepentimiento la hace vagar ahora por las orillas de los riachuelos buscando siempre el cadáver de su hija que no volverá a encontrar.
Esta triste leyenda que, día a día la vemos con más frecuencia que ayer, debido al crecimiento de la sociedad, de que ya no son los ríos, sino las letrinas y tanques sépticos donde el respeto por la vida ha pasado a otro plano, nos lleva a pensar que estamos obligados a educar más a nuestros hijos e hijas, para evitar lamentarnos y ser más consecuentes con lo que nos rodea. De entonces acá, oye el viajero a la orilla de los ríos, cuando en callada noche atraviesa el bosque, aves quejumbrosos, desgarradores y terribles que paralizan la sangre. Es la Llorona que busca a su hija…

La Madre Monte

La Madre Monte - Mitos y leyendas Colombianas
 Los campesinos cuentan que cuando la Madremonte se baña en las cabeceras de los ríos, estos se enturbian y se desbordan, causan inundaciones, borrascas fuertes que ocacionan daños espantosos.
Castiga a los que invaden sus terrenos y pelean por linderos; a los perjuros, a los perversos, a los esposos infieles y a los vagabundos. Maldice con plagas los ganados de los propietarios que usurpan terrenos ajenos o cortan los alambrados de los colindantes. A los que andan en malos pasos, les hace ver una montaña inasequible e impenetrable, o una maraña de juncos o de arbustos difíciles de dar paso, borrándoles el camino y sintiendo un mareo del que no sedespiertan sino después de unas horas, convenciéndose de no haber sido más que una alucinación, una vez que el camino que han trasegado ha sido el mismo.

El mito es conocido en Brasil, Argentina y Paraguay con nombres como: Madreselva, Fantasma del monte y Madre de los cerros.

Dicen que para librarse de las acometidas de la Madremonte es conveniente ir fumando un tabaco o con un bejuco de adorote amarrado a la cintura. Es también conveniente llevar pepas de cavalonnga en el bolsillo o una vara recién cortada de cordoncillo de guayacán; sirve así mismo, para el caso, portar escapularios y medallas benditas o ir rezando la oración de San Isidro Labrador, abogado de los montes y de los aserríos.

La Pata Sola



 Hay un ser repugnante que en algunas ocasiones se oye como los lamentos de una mujer extraviada; la gritan para auxiliarla, pero los quejidos van tornándose más lastimeros a medida que avanza hacia la víctima y cuando ya está muy cerca, se convierte en una fiera que se lanza sobre la persona, le chupa la sangre y termina triturándola con sus agudos colmillos.

La defensa de cualquier persona que la vea, consiste en rodearse de animales domésticos, aunque advierten que le superan los perros, calificándolos a todos como animales "benditos".

Se dice que este personaje fue inventado por los hombres celosos para asustar a susesposas infieles, infundirles terror y al mismo tiempo, reconocer las bondades de la selva. Cuentan que en cierta región del Tolima Grande, un arrendatario tenía como esposa una mujer muy linda y en ella tuvo tres hijos.

El dueño de la hacienda deseaba conseguirse una consorte y llamó a uno de los vaqueros de más confianza para decirle: "...vete a la quebrada y escoje entre las lavanderas la mejor; luego me dices quién es y cómo es...". El hombre se fue, las observó a todas detenidamente, al instante distinguió a la esposa de un vaquero compañero y amigo, que fuera de ser la más joven, era la más hermosa. El vaquero regresó a darle al patrón la filiación y demás datos sobre la mejor.

Cuando llegó el tiempo de las "vaquerías", el esposo de la bella relató al vaquero emisario sus tristezas, se quejó de su esposa, pues la notaba fría, menos cariñosa y ya no le arreglaba la ropa con la misma asiduidad de antes; vivía de mal genio, era déspota desde hacía algunos días hasta la fecha. Le confesó que le provocaba irse lejos, pero le daba pesar con sus hijitos.

El vaquero sabedor del secreto, compadecido de la situación de su amigo, le contó lo del patrón, advirtiendo no tener él ninguna culpabilidad.

El entristecido y traicionado esposo le dio las gracias a su compañero por su franqueza y se fue a cavilar a solas sobre el asunto y se decía: "...si yo pudiera convencerme de que mi mujer me engaña con el patrón, que me perdone Dios, porque no respondo de lo que suceda...". Luego planeó una prueba y se dirigió a su vivienda. Allí le contó a su esposa que se iba para el pueblo porque su patrón lo mandaba por la correspondencia; que no regresaba esa noche. Se despidió de beso y acarició a sus hijos. A galope tendido salió por diversos lugares para matar el tiempo. Llegó a la cantina y apuró unos tragos de aguardiente. A eso de las nueve de la noche se fue a pie por entre el monte y los deshechos a espiar a su mujer.

Serían ya como las diez de la noche, cuando la mujer, viendo que el marido no llegaba, se fue para la hacienda en busca de su patrón. El marido, cuando vio que la mujer se dirigía por el camino que va al hato, salió del escondite, llegó a la casa, encontró a los niños dormidos y se acostó. Como a la madrugada llegó la infiel muy tranquila y serena. El esposo le dijo: De donde vienes?. Ella con desenfado le contestó: de lavar unas ropitas. De noche???, corto el marido.

A los pocos días, el burlado esposo inventó un nuevo viaje. Montó en su caballo, dio varias vueltas por un potrero y luego lo guardó en una pesebrera vecina. Ya de noche, se vino a pie para esconderse en la platanera que quedaba frente a su rancho. Esa noche la mujer no salió pero llegó el patrón a visitarla. Cuando el rico hacendado llegó a la puerta, la mujer salió a recibirlo y se arrojó en sus brazos besándolo y acariciándolo.

El enfurecido esposo que estaba viendo todo, brincó con la peinilla en alto y sin dar tiempo al enamorado de librarse del lance, le cortó la cabeza de un solo machetazo. La mujer, entre sorprendida y horrorizada quiso salir huyendo, pero el energúmeno marido le asestó tremendo peinillazo al cuadril que le bajo la pierna como si fuera la rama de un árbol. Ambos murieron casi a la misma hora.Al vaquero le sentenciaron a cárcel, pero cuando salió al poco tiempo, volvió por los tres muchachitos y le prendió fuego a la casa.

Las personas aseguran haberla visto saltando en una sola pata, por sierras, cañadas y caminos, destilando sangre y lanzando gritos lastimeros. Es el alma en pena de la mujer infiel que vaga por montes, valles y llanuras, que deshonró a sus hijos y no supo respetar a su esposo.

martes, 15 de abril de 2014

Cástor y Pólux - Griega

Cástor y Pólux eran solo hermanos de madre, de la hermosa reina Leda, amante de los cisnes de armonioso cuello. Pero el padre de Cástor era el rey Tíndaro y el de Pólux era Zeus, dios de dioses. Es decir Cástor era mortal y Pólux inmortal.
Jugaron juntos y juntos emprendieron las más arriesgadas aventuras. Cástor era diestro en la doma de caballos y manejo de las armas, y nadie ganaba a Pólux en la pelea cuerpo a cuerpo. Y su fama no tenía igual en todo el reino de Esparta.
La primera aventura que acometieron fue la de liberar a su hermana Helena de las manos de Teseo que la había raptado.
Helena era poco más que una niña cuando Teseo, el héroe que mató al minotauro en el laberinto de Creta, la raptó y se la llevó a Atenas. Cástor y Pólux fueron en su búsqueda y la rescataron en singular batalla.
A partir de ese momento sus aventuras y hazañas no tienen fin. Juntos participan en la cacería del terrible jabalí que asolaba el reino de Calidón. Juntos toman parte de la famosa expedición de los argonautas, héroes que arrostraron  fantásticas peripecias, en su nave Argos, para conquistar el vellocino de oro vigilado por un formidable dragón. Juntos luchan y vencen a los piratas del mar Egeo.
Y, juntos, en fin, participan en numerosas leyendas y aventuras de la mitología griega y romana.
Juntos siempre, inseparables siempre. Ni la muerte pudo separarlos. Aquí es donde la leyenda se hace hermosa como ninguna.
Habían entablado los dos hermanos extraordinario combate contra sus primos Idas y Linceo, a causa del amor de dos bellas princesas, cuando hete aquí que Cástor es alcanzado y murto por la espada de Idas. ¡Oh, dolor de dolores para el desolado Pólux! Su desesperación no tiene medida, quiere darse muerte con su propia espada pero no lo consigue porque es inmortal. Entonces escala al olimpo y se postra ante su padre, Zeus: ¡Oh, dios de dioses, padre mío!, ¿para qué quiero yo la vida si no vive Cástor, mi hermano? Yo te pido oh gran Zeus, que rompas las leyes naturales y me concedas  esta gracia: o bien que yo muera, aun siendo inmortal, para unirme con Cástor, o bien él resucite para siempre.

Así que Zeus conmovido le dio a Pólux la posibilidad de bajar al infierno 6 meses y a Cástor revivir los otros 6 meses, así que Cástor revive medio año y Pólux baja el otro medio.

La historia de Samuel - Urbana:
Hace no más de 2 años pasó esto, pero los verdaderos orígenes vienen de un colegio en el que estudié de niño en una ciudad que no quiero nombrar.
Ya eran como las 7 de la noche y el colegio cerraba a las 5 de la tarde.
Samuel y Mario se quedaron en el colegio, pero, no sabían lo que les pasaría.
Ellos estaban en el salón más alejado y oscuro del colegio, en ese salón había muerto hace más de 15 años, por una razón que ellos desconocían, pero esa noche se darían cuenta, este niño se llamaba Sebastián, él había muerto por unos perros poseídos, estos perros eran la pena de las almas de niños que habían mordido los otros perros; estos perros eran diferentes a los comunes, tenían dientes alargados, ojos cristalizados, cabeza enorme y pelo color negro azabache.
A estos perros les daban los sobrantes del restaurante del colegio, nadie, ni siquiera la directora sabían de estos perros.
Samuel y Mario se fueron a conocer el colegio de noche y se encontraron con una nube de humo que se elevaba sobre sus cabezas, pero no le hicieron caso, después una cara con un relámpago interrumpió la caminata advirtiéndoles de los peligros, pero ellos de todas formas siguieron, esa cara era la de Sebastián.
Samuel y Mario se encontraron con los perros, y uno de ellos mordió a Samuel, y su alma se elevó sobre Mario y el cuerpo se fue degradando hasta convertirse en un perro como los otros, y trató a toda costa de matar a Mario, pero a pesar de que Mario haya escapado los perros también lo hicieron, y lo que lo salvó fue el espíritu de Samuel, pero no encontraron el cuerpo ni de Samuel, ni de Sebastián, así que esta historia termina con 2 estudiantes convertidos, sin cuerpos hallados y un miedo que paralizó al colegio.
DULCES SUEÑOS...

lunes, 14 de abril de 2014

EL MOHAN

EL Mohan - Tolima, Colombia

Las lavanderas le dicen monstruo, enamorado, perseguidor de muchachas, músico, hipnotizador, embaucador y feroz. Cuentan y no acaban las hazañas más irreales y fabulosas.

Sobre su aspecto físico, varían las opiniones según el lugar donde habita. En la región del sur del Magdalena, comprendida entre los ríos Patá y Saldaña, con quebradas , moyas y lagunas de Natagaima, Prado y Coyaima, hasta la confluencia de Hilarco, como limite con Purificación, los ribereños le tienen un pánico atroz porque se les presenta como una fiera negra, de ojos centelleantes, traicionero y receloso. Siempre que lo velan, su fantasmal aparición era indicio de males mayores como inundaciones, terremotos, pestes, etc.
Poseía un palacio subterráneo, tapizado todo de oro, donde acumulaba muchas piedras preciosas y abundantes tesoros; hacia las veces de centinela, por eso no le quedaba tiempo para enamorar.
En la región central del Magdalena, desde Hilarco, en Purificación, hasta Guataquicito en Coello, los episodios eran diferentes. Allí se les presentaba como un hombre gigantesco, de ojos vivaces tendiendo a rojizos, boca grande, de donde asomaban unos dientes de oro desiguales; cabellera abundante de color candela y barba larga del mismo color. Con las muchachas era enamoradizo, juguetón, bastante sociable, muy obsequioso y serenatero. Perseguía mucho a las lavanderas de aquellos puertos, como en la Jabonera, La Rumbosa,
El Cachimbo, El Naranjo, Chiriló, La Calmanera, Pital, Barrialosa, etc., a la manera de un hombre rico, con muchos anillos, que al enamorarse de la muchacha más linda de la ribera, la llevaba a la cueva subterránea donde tenía otras muleros con quienes jugaba y sacaba a la playa en noches de luna. Muchos pescadores aseguran que han oído sus risotadas y griterías.
Bogas, pescadores y lavanderas lo vieron Infinidad de veces en la playa pescando, cocinando, peinándose; o bajar en una balsa, bien parado, por "la madre del río" tocando guitarra o flauta.
Veamos lo que la gran compositora ibaguereña, Leonor Buenaventura de Valencia nos dice en su inspirado bambuco titulado "Leyenda de mi Tierra": (hablado)

Cuando muere la tarde, una linda calentana lava su ropa en el río; de pronto, surge del remanso un hombre hermoso, de ojos refulgentes y largos cabellos. Es el Mohán, dios de las aguas, que fascinado con la belleza dela lavadora, le declara su amor, pero... ella desdeñosa se burla de la extraña figura del hombre salvaje. Desde entonces, en las noches de luna, se oye una cadencia dulce y dolorida: es la flauta del Mohán que llama a su amada...
Allá en Purificación, a orillas del Magdalena, han visto al Mohán con su quena cantando penas do amor. (bis)
Dicen que es un hombre hermoso de tez brillante y morena, ojos negros que refulgen y una larga cabellera.
Cuenta llorando en su flauta que una linda calentana
divina como una diosa, vio lavando una mañana.
Y desde entonces no vive
porque al decirle su amor
ella se río desdeñosa
y le robó el corazón.
Y cuando la luna sale
con su luz pálida y clara, es oye la quena del Mohán
llamando la calentana mmm, mmm, mm, m.
Entre Guataquicito y Honda las versiones son distintas: allí era muy sociable. Se presentaba a veces como un hombre pequeño, musculoso y de ojos vivaces; entablaba charla con los bogas, salía al mercado a hacer compras, solía parrandear con los mercaderes, pero luego desaparecía sin dejar huella. En Guamo, Méndez, Chimbimbe, Mojabobos, Bocas de Río Recio, Caracolí y Arrancapiumas lo vieron arreglando una atarraya, fumando tabaco, cantando y tocando tiple. En noches de tempestad lo han visto pescan do y riendo a carcajadas.
Algunos ribereños aseguran que existe la Mohana, pero no como consorte del Mohán, sino como personaje independiente. Comentan que ésta no es feroz, ni les hace travesura en los ríos; lo único que le atribuyen es que se rapta a los hombres hermosos para llevarlos a vivir con ella a una cueva tenebrosa.
Para ampliar y dilucidar mejor los comentarios sobre este fabuloso personaje, relataré las entrevistas que hice a varios personajes.
ANECDOTAS CELEBRES SOBRE EL MOHAN
En Papagalá, vereda de Purificación, había un viejito pobre, llamado Policarpo. No tenía parientes, y moraba por épocas en casa de campesinos acomodados, que le daban no sólo albergue, sino trabajo y afecto. Sabía muchas historietas y crónicas aprendidas desde niño, debido a su vida nómada por el Tolima y el Huila.

Sobre la barbacoa del frente de la casa, donde se reúnen sus dueños, en noches estrelladas, con los peones, vaqueros, leñadores y vecinos, conocí este simpático aventurero. Lo invité a mi escuelita para entablar allá el siguiente diálogo:

- Dígame don Polo, ¿usted conoce el Mohán?
- .....Desde guámbito, señorita. ¡Me hizo pasar unos sustos...! ....
- En qué río, don Polo...?
- .......En el río Grande, cuando vivíamos en Villavíeja. ......
- ¿Luego usted no es papagaleño?
- Yo soy del Tolima Grande y me lo conozco de punta a punta. .....
- ¿Y cómo vino a dar por aquí?
- De recorrido que es uno. Pues verá: mi taita era de Campoalegre y mi madre espinaluna. Casi toda la vida la pasamos de tumbo en tumbo para conseguir la yuca.
- Entonces usted debe saber mucho de música, de leyendas y de danzas, porque tanto en Campoalegre como en el Espinal se celebran las tradicionales fiestas de San Juan y San Pedro, se cantan coplas y se exhiben distintas danzas.
- Por ese aspecto si sé bastante. Cuando quiera le recito unas ensaladillas de coplas y le canto unos rajaleñas.
- ..Claro que si, don Policarpo, pero por ahora quiero que me narre algunas anécdotas sobre el Mohán.
- ¡Jesús credo, señorita...! Mire que le dan pesadillas si sueña con el "mechudo'.
- Por eso despreocúpese, que he oído decir que es muy sociable.
- .......No sólo es sociable, sino que se chancea ferozmente, con los pescadores y bogas.
- ..Será que es un niño juguetón...
- No señorita, es que él castiga a los pescadores que no hacen bendecir las atarrayas y a los que se van a pescar los domingos y fiestas dé precepto.
- ....¿Y cómo sabe él todo esto?
- Porque el muy confiscado es amo y señor de las aguas, por eso lo adivina todo.
- ......¿Por qué dice que lo adivina todo?
- Por lo que le sucedió a mi cuñado Toribio que era tan mujeriego... ..¿Cómo fue eso, don Polo?
- En épocas de subienda, Toribio salía como a las seis de la tarde, con su atarraya al hombro, por la orilla del río Magdalena, pero como siempre, le echaba una atisbadita a la Carmela, que era la novia. Para que no lo vieran se fue por el matojo y, allí tuvo como dos horas dando vueltas sin encontrar la salida al río, todo despistado. Cuando cayó en la cuenta que eran chanzas del "mechudo", se santiguó y pudo salir de allí. Al llegar a la orilla, estaba el maldito sobre una empalizada fumándose un chicote y carcajeándose de lo lindo. Al verlo mi cuñado, para que lo dejara libre le tiró un paquete de "cluecas", y al momento desapareció. Al instante llegaron otros compañeros de pesca como eran "el tuerto Chepe", "el renco Atanasio" y mi sobrino Benito. Escogieron la canoa del finado Rafa, que era la más grande, y enrumbaron hacia la moya del Payandé. La noche se pintaba fresca, sin luna, pero con millares de luceros titilantes. Esa noche ninguno erraba tiro, la subienda era asombrosa. La barqueta se llenó y cuando regresaban a la playa a vaciar la pilonada, la fiera, con esas uñazas tan afiladas que tiene, le echó mano al pobre Chepe, así que hoy es tuerto y manco. ¿Cómo le parecen las palatinas del "niño juguetón" como usted dice...?
- ¡Pobre Chepe...! ¿Y... así si guió pescando?
- ¡Jmmm...! ¡Esos condenados son unas fieras para el agua!
- Pero usted no me ha dicho si conoce al Mohán en persona...
- ¡Lo conocí desde que tenía 7 años! Vivíamos en Villavieja y mi papá se comprometía a llevar víveres desde Neiva a Girardot. Lo acompañaban unos bogas macanudos y conocedores no sólo del agua sino del tiempo. Por eso es que yo me conozco todos los rápidos, saltos, remansos, moyas y remolinos de Río Grande y varios otros de menor caudal. Pero lo que pasó en Peñalisa, sí fue por culpa del Mohán.
- ...¿Y qué les sucedió?
- Mi madre tenía que llevar a Girardot plátanos, cachacos, arroz, maíz y mucha fruta. Cuando llegamos a la confluencia del Cabrera, estaba el río aguatudo y el Prado bajaba como chicha. El Saldaña y los de la vertiente occidental estaban tranquilos y claritos. Los riachuelos de la oriental bajaban furiosos, como el Tigre, el Consuelo y Batatas. "El rucio" Leovigildo si les dijo a los demás que íbamos a tener mal tiempo. Cuando las sombras de la noche eran muy negras, "el cabezón Cipriano" empezó a echar cuentos del mechudo y como yo era tan miedoso por lo guámbito, me acurruqué debajo del caramanchel de la balsa, pero el vendaval era tan fuerte que lo arrancó de un golpe; los bancos de agua y las palizadas eran tan fuertes. quo empujaban la vastagosa que parecía des-baratarla; en esas vimos la fiera sobre una palizada, frente a Peñalisa, muy tranquilo tocando tiple; en el mismo instante la balsa dio un tumbo, todos nos fuimos al agua y el malvado riéndose de la celada que nos tendió. Yo no volví a saber nada hasta el día siguiente en Girardot, tendido sobre una "cuja" y oyendo los comentarios por la pérdida que tuvimos y las jugarretas del fantasma.
- Y .. usted ¿como lo pudo ver en la oscuridad y con tanto miedo?
- .......Porque esa fiera echa candela por los ojos y las risotadas eran diabólicas.
- Pero, en sus narracíones he notado que usted tiene lenguaje castizo.
- ......Fue por haber cursado la primaria y un año de medía superior.
- ¡Ah! Entendido. -Y no volvió usted a acompañar a su papá en los viajes?
- En las vacaciones sí, pero por eso abandoné los estudios, porque me agradaba más pescar, amansar potros, pasear el Llano Grande llevando ganado de una a otra hacienda, dando serenatas, herrando y curando bestias, es decir, todas las faenas del campo.
- Pues... por una parte, muy bueno; pero lástima que no hubiera terminado sus estudios.
- Después, -me dijo- nos fuimos a vivir a La Palmita y ya contaba yo con seis hermanitos. Eso era en la época del champán, señorita.., a veces se sufría, pero también se gozaba. Una vez íbamos hasta Flandes a llevar unos encargos a mi padrino. Compramos mucha fruta, pero teníamos que llegar a Purificación por unas guaduas y unos bultos de leña. Los bogas que nos acompañaban eran muy charlatanes y enamorados. El champán lo dejamos deslizar hacia la margen izquierda, muy cerca a la orilla. Llegando a La Calmanera al tembleco dei Ananías se le ocurrió darse un baño con jabón de olor, con tal de llegar perfumado al puerto. Un poco arrimado al champán, el tembleco se puso a hacer aprobaciones en el agua y a zambullir largamente. El agua en el remanso era como un espejo cristalino. De pronto oímos una carcajada fantástica y Ananías no volvió a salir. Cinco bogas se tiraron al agua, creyendo que le hubiese dado una picada al corazón, pero, ni señas ni rastros. No nos quedó la menor duda de que el "mechudo" se lo arrastró para la cueva que tenía en La Caimanera.
- ......~,Y, ese fue su ultimo viaje por el Magdalena?
- No señora. Después nos trasladamos a Chiriló, cuando ya era yo un mozo "de pelo en pecho". Allí yo conversaba mucho con las lavanderas, entre las cuales había una muy linda llamada Chiquinca, a quien el Mohán perseguía constantemente, le hacia picardías, le daba serenatas con la flauta y, aseguran las compañeras, que repetidas veces llegaba dentro del agua, le quitaba la totuma de lavar y el jabón, pero apenas velan el brazo negro y peludo. Como el rancho de la joven quedaba cerca al puerto, cualquier día desapareció la muchacha sin dejar la menor seña. Las compañeras y los familiares la llamaban a gritos por la orilla del río, hacían alharaca, rezaban, ofrecían misas, insultaban al Mohán, pero nadie daba razón de ella. Paso el tiempo y tanto los padres como los amigos sé habían conformado con la ausencia de la chica, cuando a los dos años llegó corriendo a la casa como asustada, rogándole a los papás que se trasladaran de un todo para una región bien distante del río, cosa que el endriago no la volviera a encontrar. De la mano llevaba un ninito negro y peludo de un año larguito y los padres le preguntaron qué significaba ese niño y ella dijo que era su hijo, que lo habla tenido en la cueva, pero que ella no quería vivir más con ese mechudo. Los pobres viejos no sabían si llorar o reír. Chiquinca les contó que ella vivía despistada del camino, sin saber por donde salir al puerto, pero que le rezaba todos los días a la Virgen del Carmen que le diera licencia de volver a casa y se puso vigilante apenas salía el mechudo a hacer mercado, por eso pudo escapar ese día, viniéndose detrás de él y, que por suerte, la salida estaba cerca al puerto real.
- ¡Me ha dejado usted asombrada con sus narraciones!
- Yo se lo advertí, señorita, esa fiera es muy mala.
- Bueno, es verdad. yo creí que fuera travieso y enamoradizo, músico y hasta trasnochador, pero malo no. Antes de que se me olvide, don Polo, ¿usted sabe algunas coplas sobre el Mohán?
- Si, señorita,.., ya me acuerdo de dos:
En la moya Talamina
se llevó una niña el Mohan;
¿por qué no sos muana niña, para dejarme atrapar?
Morena que vas al río
en a mañana o San Juan, al mirarte tan bonita
me dan ganas de ser Mohan.


HOMBRE CAIMAN



El hombre caimán - Costa atlántica colombiana

Sí, mi amigo. Esta historia empezó aquí mismo. Y el que es hoy el hombre caimán se sentaba allí, donde está usted ahora dispuesto a tomarse un vaso de ron, un queso y por último, su plato de arroz con coco.

Miraba siempre hacia la orilla opuesta del río y cuando adivinaba la presencia de alguien al otro lado, apuraba su arroz y desaparecía en el agua. ¿Que por qué hacía todo esto? No se desespere, amigo, termine de tomarse su ron y escuche, que este cuento apenas lo empiezo.

Es una historia de amor, como todas, con la diferencia que el hombre salió mejor librado que cualquiera, a pesar de todas las adversidades. Así que si va a pedir otro trago, hágalo de una vez, que yo aquí empiezo mi relato y no paro hasta el final.

Un hombre, alegre y despreocupado, viajaba continuamente de Pinillos a Magangué vendiendo toda suerte de alimentos y frutas hermosas. A grandes voces y en medio del jugueteo entre él y las gentes de por aquí, el hombre divertía a todos con sus historias absurdas de cómo adquiría los productos, hasta el punto de convencer a los compradores de que lo que se llevaban eran objetos maravillosos.

Una tarde, mientras anunciaba a gritos la venta de unas naranjas que, según él, poseían las esencias del amor eterno, descubrió para su fortuna la presencia de una bella mulata con el pelo recién enjuagado que caminaba despreocupada. El hombre entabló conversación con la muchacha y rápidamente, ambos se vieron profundamente atraídos.

Ella se llamaba Roque Lina y era la hija de un severo e inabordable comerciante de arroz. Sus hermanos, que jugaban el secreto papel de vigilantes de los pasos de la muchacha, al darse cuenta de que Roque Lina era atraída cada vez más por las frases pomposas del hombre, dieron la voz de alarma a su padre.

Así pues, amigo, cuando el hombre apareció como de costumbre con sus alaridos y sus productos de otro mundo y se precipitó feliz a saludar con canciones a su querida Roque Lina, se encontró frente a la presencia poco amable de su imposible suegro. “Aquí el que vende soy yo”, le dijo tajantemente el padre. “Y mi hija no es arroz. Así que puede irse con su música a otra parte, antes de que tengamos problemas. ¡O yo no sé!”. Y sin agregar una palabra más, tomó a Roque Lina del brazo y la arrastró con él.

Fue desde ese momento cuando el hombre empezó a venir todos los días a esta tienda, a pedir el mismo ron, el mismo queso y el mismo arroz con coco y a mirar hacia el río. ¿Por qué? Rápidamente lo fui entendiendo: aquí los hombres se bañan en esta orilla. Hacia la mitad de la corriente hay un remolino y al otro lado se bañan las mujeres. Asimismo, aquí la gente va a la necesidad en el agua y se cobra un centavo por todo. ¿Qué pasaba? Pues nada más que el hombre se había puesto de acuerdo con Roque Lina para que cuando ella fuera a bañarse, él atravesara el río a nado y fuera a visitarla.

Usted estará preguntando cómo haría el hombre para atravesar aquel remolino, que a primera vista se adivina no apto para seres humanos. Pues aquí es donde reside el secreto de la historia. El hombre terminaba de comerse el arroz, se metía al agua y poco a poco, su cuerpo se iba corrugando, sus brazos se encogían en pequeñas patitas, sus piernas se unían en una agitada cola y cada uno de los granitos de arroz que se había comido se iban transformando en una hilera de dientes filudísimos, hasta quedar convertido en un expertísimo caimán nadador.

Así el hombre caimán atravesaba ágilmente el remolino y luego de violentos chapoteos, lograba llegar hasta donde Roque Lina, quien ansiosa lo esperaba para ir a descubrir con él las profundidades secretas del río. El hombre venía aquí a diario, bebía y comía su eterna ración y se lanzaba en su viaje reptil donde su amada Roque Lina. Esta visita permanente fue poniendo alerta a todos los pescadores de la zona.

Una mañana, uno de los hermanos de Roque Lina alcanzó a percibir la cola desenfrenada del hombre caimán rompiendo el remolino y de inmediato dio la voz de alarma. Todos los pescadores de Magangué se dieron a la caza del caimán. Pero cualquier esfuerzo era inútil. Mientras más obstinados eran los hombres tratando de aniquilar al animal, más ágil se volvía el hombre para llegar hasta la orilla de Roque Lina.

Tómese el otro roncito, amigo, que esta historia ya se precipita a su final y tiene que prepararse para lo que sigue. ¿Me va siguiendo….?

El papá de Roque Lina, hombre ostentoso y sediento de fabricarse su propio orgullo, ubicó con exactitud el sitio por donde el caimán solía nadar y organizó un cerco para atraparlo.

Una mañana, un buen número de pescadores navegaron afanosamente por estos parajes, buscando sin descanso al caimán, comandados por el padre de Roque Lina. Mientras esto sucedía, el hombre de nuestra historia, sentado allí donde usted está, terminó su ron, su queso y su arroz y se fue de aquí. ¿Hacia dónde iba si todos lo buscaban? Luego lo supe: el muy vivo se echó al agua mientras todos estaban en su búsqueda, nadó agitadamente hasta el barco del papá de Roque Lina y de una, se devoró todo el arroz que encontró. Acto seguido, buscó a su amada que dormitaba en el muelle. Suavemente la acomodó sobre su espalda y sin despertarla, se alejó con Roque Lina en silencio.

Nunca volvió a saberse de ellos. Pero, desde ese día, todos los hombres de por aquí esconden temprano a sus mujeres y se apuran a comerse todo el arroz que tengan en la olla, antes de que el hombre caimán venga y haga desaparecer mujer y granos.

Este es más o menos el cuento, amigo. Lo bueno es que por aquí, desde esos días, se canta un merengue que dice:

Esta mañana, temprano,
cuando bien me fui a bañar,
vi un caimán muy singular
con cara de ser humano.